El gran mito contemporáneo: ¿Creían los cristianos de la Edad Media que la tierra era plana? | Pablo de Felipe

Actualmente, la mayoría de las personas relacionan el terraplanismo como el último sinsentido y como una ‘herejía’ científica. Ser llamado terraplanista es lo último de los insultos ‘científicos’. Por más de un siglo, sin embargo, este mismo insulto ha sido esparcido a un milenio de la historia de la Europa Occidental, considerado como el bastión de los cristianos terraplanistas. El Cristianismo ha sido acusado de suprimir el conocimiento en esta ‘edad oscura’. Pero ¿hay algo de verdad en esta acusación?

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Fig.1.

Desde principios del siglo XX un conjunto de historiadores ha denunciado estos supuestos mil años de ignorancia (s.V al s.XV), cuando se dice que el conocimiento científico cayó a un nivel tan bajo que casi borró la sabiduría de los antiguos Griegos y aplanó el globo. Estos historiadores también han refutado la afirmación de que la creencia en una tierra plana reinó hasta que Colón (o Magallanes o Copérnico u otra figura del siglo XVI) restauró la verdad de una tierra redonda. Sin embargo, polemistas de internet, empapados de una visión errónea del pasado y con una retórica aguda, hacen declaraciones audaces sobre el ´vacío dejado por los cristianos en las épocas oscuras’ y el gran y constante progreso hecho por la ciencia una vez liberada de la religión. A pesar de la claridad de la erudición del siglo XX sobre esta materia, no debemos minimizar el potencial de esa retórica para proporcionar una justificación ‘histórica’ para una visión de conflicto de las relaciones entre ciencia y fe, que proporcionan soporte a una agenda para remover la religión de la sociedad contemporánea.

Inventando la tierra plana

Los historiadores de la ciencia, particularmente aquellos especializados en la historia de la ciencia y la religión, han refutado la ‘tesis del conflicto’, demostrando que es una invención de finales del siglo XIX originada en medio de los acalorados debates sobre Darwin y el incremento de la secularización de la ciencia. John W. Draper y Andrew D. White están a menudo involucrados en esta construcción artificial de guerra entre la ciencia y la fe, y una gran prueba de este conflicto es el supuesto de la creencia medieval en una tierra plana.

Durante el siglo XX una serie de prominentes eruditos que se remontan a Francis S. Betten en 1923, e incluyen nombres tan ilustres como Lynn Thorndike, Samuel Eliot Morison, E.G.R. Taylor, C.S. Lewis y Edward Grant, rechazaron la afirmación de que la cultura medieval fue dominada por la creencia en una tierra plana. Esta denuncia culminó en un libro de 1991, Inventando la Tierra Plana (Fig.2), por el medievalista Jeffrey Burton Russell, quien buscó descubrir las raíces históricas de esta acusación engañosa, que denominó el ‘error plano’ (definido como “la suposición casi universal de que la gente educada de la edad media creía que la tierra era plana”, p.xiii). Russell identificó como culpables del error plano al escritor de principios del siglo XIX Washington Irving, cuya biografía ficticia de Colón fue tomada como histórica y al historiador erudito académico Antoine-Jean Letrone, cuyo ensayo académico sobre las visiones cosmográficas de los Padres de la Iglesia fue tomado como definitivo.

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Fig.2.

Verdaderos antiguos terraplanistas

Una investigación cuidadosa en la literatura cristiana temprana revela, de hecho, algunos terraplanistas. Con todo, dos factores deben ser considerados. Primero, aunque la creencia en la esfericidad de la tierra había sido sostenida por Platón y Aristóteles en el siglo IV a.C., durante el Imperio Romano muchos consideraban la esfericidad como una invención de los filósofos.

A pesar de los triunfos de la ciencia Helenística Alejandrina, que calcularon con gran precisión la medida de la tierra siglos antes de Cristo, aclamados escritores tales como el filósofo epicúreo Lucrecio (c. 99-c.55 a.C.) negaron categóricamente la esfericidad, mientras que Plinio el viejo (c. 23-79 d.C.) y Plutarco (c.45-120 d.C.), aunque no siendo ellos mismos terraplanistas, esbozaron los argumentos y objeciones a la tierra esférica.

Esto señala al hecho que, incluso antes del nacimiento de Cristo, la ciencia antigua había entrado en una profunda crisis. Esta fue la era de los enciclopedistas y comentaristas. Los autores romanos estaban menos interesados en la investigación científica e innovación, y se contentaron con compilar información y ofrecer resúmenes en Latín de logros científicos Griegos en el pasado. Adicionalmente, el Neoplatonismo y los filósofos morales estaban más interesados en las ideas humanas y religiosas, buscando la buena vida, el florecimiento humano, y menos interesados en el reino natural y físico. Esta tendencia espiritual influyó en el cristianismo emergente.

Segundo, el número de cristianos terraplanistas era bastante pequeño. Tal vez incluso más importante, con la rara excepción de Lactancio (c.250-c.325 d.C.), quien siguió las estrategias retóricas anti-filosóficas de algunos intelectuales escépticos (y como algunos cristianos apologistas). Todos los cristianos terraplanistas conocidos pueden ser identificados con una escuela teológica particular y un método hermenéutico dentro del Cristianismo antiguo, la escuela de Antioquía. Antioquía fue un centro importante para el Cristianismo temprano (un patriarcado). Su escuela teológica distintiva reaccionó en contra de los excesos alegóricos de la escuela de Alejandría, y defendió una lectura de la Biblia más literal, contextual e histórica. Lamentablemente, su cosmología influenciada por su lectura literal de la Biblia produjo la creencia de un universo en forma de caja con una tierra plana.

La victoria de la esfera en la iglesia de la antigüedad tardía

La confrontación final entre las cosmologías Antioqueñas en forma de caja y Alejandrinas en forma esférica tomó lugar en el siglo VI. Por una lado tenemos la Christian Topography, el trabajo prolijo de un comerciante retirado tradicionalmente conocido como Cosmas Indicopleustes, pero quien fue identificado como Constantino de (no sorprendentemente) Antioquía por algunos de los eruditos del siglo XX. El amargo y rencoroso ataque a la esfericidad en este trabajo probablemente señala a la menguante popularidad de su cosmología de la tierra plana (Fig.3), y al hecho de que el autor estaba en territorio enemigo: Alejandría. Mientras la imaginación popular cree que la ciencia ha sido borrada después del asesinato de la filósofa y matemática Hypatia en 415 por una multitud de cristianos, la verdad es que la ciencia aun floreció en Alejandría e incluso los maestros paganos continuaron su actividad. De hecho, las ideas de Cosmas fueron confrontadas por nada menos que el principal intelectual de la época en Alejandría: Juan Filópono (c. 490-c.570), el cual fue, para hacer las cosas más complejas, un compañero cristiano. En su comentario del Génesis 1 (De Opificio Mundi) Filópono disparó de nuevo con sarcasmo a los terraplanistas.

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Fig.3.

Ecos de este debate han sido preservados en un libro del científico armenio del siglo VII Shirakatsi, quien fue crítico de Cosmas. Dos siglos después, el patriarca de Constantinopla Focio leyó el libro de Cosmas y escribió una crítica devastadora en su Bibliotheca. Por entonces, los teólogos de Antioquía habían sido condenados por motivos teológicos como parte de la herejía nestoriana, la cual contribuyó a la desaparición de su cosmología. El único autor occidental latino conocido por atacar la esfericidad de la tierra, Lactancio, fue leído por Agustín de Hipona. Agustín buscó superar el libro de apologética de Lactancio Divine Institutos con su aún famosa Ciudad de Dios. Agustín mantuvo una visión crítica sobre la posibilidad de humanos viviendo al otro lado de la tierra (las antípodas), pero quitó cualquier crítica sobre su esfericidad. Lactancio fue raramente leído después de eso.

El criticismo sostenido por Agustín hacia los antipodeanos dio origen a un vigoroso debate medieval sobre la existencia de los humanos al sur del Ecuador (concebido por los antiguos geógrafos romanos como un ardiente anillo imposible de cruzar) o en otras masas de tierra separadas por océanos (Fig.4.) Para Agustín y teólogos medievales tales barreras sugerían que cualquier antipodeano no podía descender de Adán y su existencia llegaría a ser un problema misterioso.

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Fig.4.

La bola de tierra medieval

Como el mundo Romano Occidental se desmembró en su unidad política y organización, el Oeste latino se desconectó del Imperio Romano del Este Griego por un milenio. Mientras los antiguos filósofos y científicos continuaron siendo copiados y leídos en el Este, y pasaron al nuevo Imperio musulmán, el Oeste languideció académicamente, ya que muy pocos textos habían sido traducidos al Latín, pocas personas sabían Griego, y las comunicaciones en el Mediterráneo se perdieron. Algunos han dudado que la esfericidad de la tierra haya sido conocida en ese tiempo, pero esto parece ser una reacción exagerada. En cualquier caso, la Iglesia Católica medieval nunca hizo una declaración con relación a la forma de la tierra, y ya con el monje Beda (673-735) en el norte de Inglaterra encontramos una defensa robusta de la esfericidad de la tierra. Conscientes de lo que se había perdido, y herederos de la tradición “conservadora” de los comentaristas antiguos tardíos, los intelectuales medievales buscaron reconstruir el conocimiento perdido. Tal enfoque no se basó en un desprecio del pasado, sino en una excesiva adoración de las antiguas luminarias del conocimiento, tales como Platón y Aristóteles.

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Fig.5.

El ‘renacimiento’ Carolingio en el siglo VIII, la fundación de universidades desde el siglo XI en adelante, la actividad frenética de los traductores durante el siglo XI al XII, el ‘renacimiento’ del siglo XII que siguió, el profundo debate y a veces fuertes reacciones críticas hacia el aprendizaje antiguo de los escolásticos de los siglos XII al XIV, reflejan un claro conocimiento de la esfericidad de la tierra y de la astronomía/geografía antigua que fueron fácilmente seguidos por los eruditos europeos y autores religiosos (Fig.1 y 5). Incluso cada libro popular, como La Divina Comedia de Dante (principios del siglo XIV) y el ficticio Jean de Mandeville’s Travels (finales del siglo XIV), uno de los libros medievales más extensamente leídos por los dos próximos siglos, claramente sostienen la esfericidad de la tierra.

Los verdaderos debates y miedos ante Colón

Fue un fracaso en entender la época medieval y un debate sobre los antipodeanos que no fuera conectado de ninguna manera con una creencia en una tierra plana, lo que llevó a los historiadores y eruditos a leer mal la evidencia y a concluir que las personas medievales vivían en la oscuridad y la ignorancia. Una ilustración llamativa de este fracaso concierne a los famosos mapas ‘T-O’ (Fig.6, usualmente la parte superior es el Este).

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Fig.6.

Su circularidad no estaba destinada a representar una tierra en forma de disco. Estaban destinados a identificar solo las porciones de la tierra relevantes para el lector, los tres continentes conocidos en el hemisferio Norte, dentro de un marco oceánico circular (siguiendo modelos que parecen remontarse al período Romano Antiguo).

De hecho, no es difícil encontrarlos en los mismos libros donde aparecen otros ´mapas zonales’ (también de origen Romano) brindando una visión del planeta entero con los polos congelados en la parte superior e inferior, el ecuador ardiente en el centro y dos zonas templadas en el medio (en algunos casos ambos mapas aparecen uno al lado del otro, Fig.7). También hay ejemplos de ambos mapas fusionados en un mapa zonal que contiene el mapa T-O confinado en la zona templada del hemisferio norte dentro de un marco rectangular (Fig.8). La cartografía islámica también describe el mundo inhabitado con un marco oceánico circular que en algunos casos se incluyeron líneas que delinean zonas climáticas (Fig.9, la parte superior es el Sur).

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Fig.7.

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Fig.8.

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Fig.9.

La esfericidad fue la premisa en la empresa de Colón (la que leyó en libros medievales escritos por autores eclesiásticos como Pierre d’Ailly). En los debates de la corte española que lo condujeron a su famoso primer cruce del Atlántico, no enfrentó la oposición de fanáticos clérigos terraplanistas. En lugar de eso, los clérigos estaban preocupados por la distancia, la dificultad del retorno y las especulaciones relacionadas con los antipodeanos, etc. Irónicamente, en el debate con Colón, ¡usaron la esfericidad de la tierra en contra de sus planes de navegación!

El surgimiento del mito de la tierra plana cristiana

La identificación por J.B. Russell de Irving y Letronne como los únicos culpables de inventar el error plano ha sido seguida por muchos en los últimos 25 años. Sin embargo, otros historiadores han descrito una visión más compleja de cómo el error plano fue construido. Rudolf Simek y Reinhard Krüger han señalado la importancia del redescubrimiento de Cosmas en 1706 y, más aún, el prefacio de Montfaucon en su republicación, en la cual Montfaucon erró en una amplia generalización, acusando a los primeros escritores cristianos y a los Padres de la iglesia seguir la visión de la tierra plana de Cosmas. La evidencia adicional apunta a la existencia de una prehistoria aún más compleja del error plano antes del siglo XIX y también una prehistoria del modelo de conflicto para las relaciones de ciencia y fe. Es más, actualmente estoy estudiando en detalle las transformaciones ideológicas relevantes desde el período medieval tardío hasta el siglo XVIII.

La invención de las ‘edades oscuras’ por eruditos del renacimiento es una historia compleja. Los humanistas buscaban renovar el estudio de los autores clásicos y los textos originales sin la mediación de eruditos medievales, ya que la transmisión medieval se consideró defectuosa en varios aspectos. Paradójicamente, el Renacimiento, el cual a menudo es visto como un período de mucho progreso, no solo escondió bastantes logros anteriores, sino que también fue menos progresivo de lo que se piensa, ya que en realidad fue la culminación del antiguo proyecto de los comentaristas romanos y medievales.

Fue un renacimiento, incluso un movimiento hacia atrás, que exaltó a Aristóteles y otros sabios antiguos. Para hacer las cosas más complejas y paradójicas, la Reforma de principios del siglo XVI y la confrontación y polarización que sobrevino, dio a los intelectuales europeos mucha menos libertad para disentir con las autoridades religiosas y las visiones tradicionales que en la era escolástica. A pesar de esto, muchos protestantes reforzaron un prejuicio hacia la Edad Media que vieron como un período de opresión Católica. Los estudiosos de la ilustración no tenían una mejor opinión y difamaron todo el pasado cristiano (de cualquier confesión) hasta su propio tiempo. En algún lugar durante este período, y en particular después del redescubrimiento de Cosmas y la creciente crítica de la tradición cristiana, la supuesta creencia en una tierra plana de los cristianos medievales se convirtió en el tema ideal para concentrar toda la amargura de los modernos contra el pasado. El mito que fue engendrado entonces aún sigue vivo, enseñado a nuestros hijos en la escuela y repetido infinitamente por los medios de comunicación, películas, novelas, etc. Es una pieza central en el mito contemporáneo más grande entre el conflicto entre ciencia y fe. Un mito que no moriría, sorprendentemente, a pesar del hecho que en el siglo XV nadie tenía miedo de caerse del borde de la tierra.

Publicado en enero de 2017
Editado en 16-7-2017
Créditos de imagen

Fig. 1 Image from Sacrobosco’s On the Sphere of the World (13th century, print edition of 1550) illustrating the sphericity of the earth (c) Wikimedia commons
Fig. 2 Cover of Jeffrey Burton Russell, Inventing the Flat Earth (1991)
Fig. 3 Cosmas Indicopleustes cosmology from Christian Topography (c. 550, copy from the 11th century) (c) Wikimedia commons
Fig. 4 The four landmasses as imagined in the Hellenistic cosmology (c) Wikimedia commons
Fig. 5 Image from Gossuin de Metz’s L’Image du Monde (13th century, copy from the 14th century) illustrating the sphericity of the earth (c) Wikimedia commons
Fig. 6 Typical example of a T-O map from Isidore’s Etymologies (7th century, copy of the 12th century) (c) Wikimedia commons
Fig. 7 Example of a T-O map side-by-side with a zonal map from Giacomo Foresti’s Novissime hystoriarum omnium repercussiones (1483; first illustrated edition, 1486; this image is from the edition of 1503, the image does not seem to appear in earlier editions, at least until 1492) (c) Wikimedia commons
Fig. 8 Image of a zonal map containing a T-O map in the Northern temperate zone from the Arnstein Bible (12th century) (c) British Library
Fig. 9 World map in a copy of Al-Idrisi’s treatise (1154, copy dated 1553) (c) Wikimedia commons

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Artículo original: https://www.theologie-naturwissenschaften.de/en/dialogue-between-theology-and-science/editorials/flat-earth-myth/

Traducción: Leonel Contreras

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