COVID-19: Una perspectiva eterna | Jim Stump.

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Introducción

Mi entrenamiento profesional es en filosofía, lo cual significa para mí que casi todos los problemas últimamente dirigen a lo que los filósofos denominan el problema del mal: ¿Cómo reconciliamos la existencia del mal en un mundo con un Dios amoroso y bueno? Para algunos problemas, la ruta del mal es bastante tortuosa -como por qué no podemos obtener semáforos para controlar mejor el tráfico (lo confieso, algunos de mis pensamientos más malvados vienen cuando estoy parado en una luz roja y no hay tráfico en absoluto desde la otra dirección). Pero para la pandemia de coronavirus, no pasa mucho tiempo para que surjan preguntas serias sobre el mal y el sufrimiento. Cuando nos ocurre algo malo personalmente o a las personas que amamos (como probablemente lo hará antes que termine esta pandemia), la pregunta más urgente puede ser algo como, “¿Por qué Dios no nos protege de este mal que está entre nosotros?” Eso suele ser más como un grito existencial del corazón que un rompecabezas filosófico para ser resuelto. Por lo general, para la mayoría de las personas que están en medio del sufrimiento, estos “gritos existenciales” no ayudan para hacer filosofía. Pero la mayoría de nosotros no estamos en aquella situación aún, y en medio de la soledad (y en ausencia de deportes en la televisión) podemos tener momentos ocio para considerar la pregunta más profunda y teórica que nos aqueja en estos tiempos: ¿Por qué Dios crearía un mundo como este, donde este coronavirus puede causas estragos en nuestra vida diaria e incluso matar personas tomando control de sus sistemas respiratorios? No me molesta demasiado, al menos a nivel filosófico, que las personas puedan hacer cosas malas. Esto es una consecuencia directa del libre albedrío. Y pienso que es una posición defendible decir que el mundo es un lugar mejor debido a que hay humanos con libre albedrío, incluso creo que algunas veces lo usan para fines malvados. (De nuevo, es un consuelo superficial cuando los humanos eligen hacerte algo malo personalmente, pero al menos a nivel teórico me hace algo de sentido.)

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“La defensa del libre albedrío no funciona para los virus. Ellos nos son agentes intencionales que toman decisiones o tiene responsabilidad moral. Ellos solo hacen lo que están programados para hacer”.


Eliminar la capacidad del mal de los seres humanos también quitaría del mundo un tremendo bien, belleza y amor. Aunque el coronavirus es diferente. La defensa del libre albedrío no funciona para los virus. Ellos nos son agentes intencionales que toman decisiones o tiene responsabilidad moral. Ellos solo hacen lo que están programados para hacer. Entonces, ¿Por qué Dios crearía en el mundo estas cosas y las programaría para devastar de esa forma?

Nosotros los humanos (o al menos bastantes de nosotros) parecemos programados para hacer tales preguntas, y esto para nada es un problema. No hay respuestas fáciles, y en cualquier dirección que tomemos con este problema habrá que enfrentar consecuencias insatisfactorias. Pero creo que vale la pena e incluso es importante intentar decir algo sobre por qué las cosas son como son y por qué Dios pudo haber establecido las cosas de esta manera.

¿Por qué hay males naturales?

Algunos de nosotros los cristianos pensamos que es mejor sacar a Dios del asunto y decir que los males como el coronavirus son simplemente efectos de la caída -los traemos [virus] sobre nosotros mismos cuando nos rebelamos en contra de Dios y el mundo bueno que Dios creó para nosotros. Pero esa respuesta no me satisface por dos razones:

Primero, teológicamente no veo que [la caída] “quite a Dios del asunto”. En este relato, Dios todavía hizo el mundo tal que cuando pecáramos por primera vez, todos estos males naturales serían introducidos. ¿Dios tuvo que hacer eso? Si nuestras intuiciones morales normales son alguna guía en esto (y si no lo son, entonces deberíamos dejar de tratar de decir algo aquí), el castigo no parece encajar con el crimen. La forma en que esta historia suele contarse es que estaban Adán y Eva en el jardín siendo engañados por la serpiente; y de acuerdo con el texto, ellos ni siquiera conocían el bien y el mal (Génesis 3:22). Parece una exageración liberar virus, terremotos y tornados en el mundo solo porque una pareja de personas moralmente ingenuas comió de la fruta prohibida. Pero entiendo totalmente que también parece problemático decir que Dios creó un mundo muy bueno desde el principio con virus, terremotos y tornados que causan sufrimiento y muerte.

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En segundo lugar, si te encuentras a ti mismo dividido entre estas opciones o terrenos teológicos, considera esto: existe clara y amplia evidencia que los virus y otros males naturales han estado en el mundo mucho antes que los seres humanos estuvieran en el planeta.


“Parece que es esta vida -con la gracia de Dios, redención de Cristo y el poder del Espíritu Santo- la que puede prepararnos para nuestros roles en la vida eterna. Cada uno de nosotros está ahora desarrollando el carácter que llevaremos con nosotros en la eternidad”.


Los virus no dejan fósiles tradicionales detrás porque no hay nada que calcificar, sino que cada vez más son descubiertos congelados en hielos que se remontan al menos 30000 años atrás -Mucho antes del escenario tradicional de Adán y Eva en la Biblia (pienso que hay otros propósitos para un Adán y Eva históricos). Y los virus dejaron “fósiles” en el ADN de otros organismos, de los cuales sus historia puede ser reconstruida. Unos pocos años atrás un grupo de investigadores publicaron un paper mostrando la historia de un grupo de virus de hace unos 30 millones de años, los cuales preceden cualquier propósito razonable para la entrada del pecado humano en el mundo. Y más aún, todo lo que entendemos sobre la vida implica que los virus han estado tanto tiempo como la vida misma. Podemos confiadamente decir que la vida como la conocemos no existiría sin los virus.

Ese es el punto en el que estoy trabajando. Como comparación, piense acerca de los terremotos. Estos son el resultado de la actividad tectónica sin la cual el planeta probablemente estaría totalmente cubierto de agua o totalmente cubierto de tierra -ninguna de las cuales permitiría el tipo de vida como la conocemos. Entonces podríamos preguntarnos por qué Dios creó una tierra con terremotos, y la respuesta es: eliminar la posibilidad de terremotos en nuestro planeta quita otros aspectos del mundo sin los cuales no podríamos vivir. Lo mismo vale para le dinámica de los sistemas del tiempo, que son cruciales para la vida. Sí, ellos algunas veces generan tornados y huracanes, pero esto es un efecto secundario de una condición necesaria para que la vida prospere.

Así también, podemos entender la existencia de virus en este sentido. La población de virus en la Tierra es estimada en 10 elevado a 31 (un uno seguido de 31 ceros). Es un número realmente grande -¡diez billones de veces más que las estrellas que hay en el universo!- ¿Qué hacen todos ellos? La vasta mayoría de ellos no infectan a los humanos, pero en su lugar infectan bacterias y las mantienen bajo control (este hecho me lo hizo saber por primera vez Praveen Sethupathy en nuestro episodio de podcast sobre coronavirus). Hay alrededor del mismo número de bacterias en la Tierra como de virus. Solo en nuestros cuerpos, cada uno de nosotros tiene cerca de 10 elevado a catorce bacterias individuales. ¡Esto es cerca de 10 veces más células bacterianas que células humanas en nuestro cuerpo! Proporcionan todo tipo de funciones útiles para nosotros, particularmente para nuestro sistema inmunológico y en la digestión. Es seguro decir que la vida como la conocemos no funcionaría sin ellas. Pero tienen una tendencia a tomar el control, si las dejas descontroladas.

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Por ejemplo, la bacteria de la E. coli se reproduce cada 20 minutos bajo condiciones ideales. Entonces si comienzas con una bacteria, en 20 minutos habrá 2, y en 40 minutos habrá cuatro, y en una hora habrá ocho. Si eso sigue sin control, para el final de las 24 horas de un día, la población se duplicará 72 veces, que está cerca de 5 por 10 elevado a veintiuno, y si las dejas ir por un año, el número es demasiado grande y estoy muy seguro de que hay más bacterias que la masa de la tierra (que alguien compruebe eso). Así que, es muy bueno que la abrumadora mayoría de virus en la Tierra estén infectando bacterias y ralentizando su reproducción. Y para seguir haciéndolo de manera efectiva, los virus se tienen que mantener mutando. Por lo tanto, de vez en cuando, un virus parecerá que puede infectar y hacer daño a los humanos. Quitar esa posibilidad, pienso, haría imposible para nosotros vivir. Al igual que los terremotos y tornados, los virus algunas veces causan daño, sufrimiento y muerte. Pero sin ellos, no podemos concebir cómo la vida sería posible.

Una Perspectiva Eterna

¿Eso resuelve el problema del mal? Probablemente no. Podemos preguntar cómo la vida eterna trabajará: ¿El cielo tendrá tornados, terremotos y virus? No lo creo. Pero tal vez una perspectiva eterna plantee otros aspectos de esta respuesta al problema de los males naturales. De acuerdo con la teología cristiana ortodoxa, Dios nos creó a los humanos para reinar y gobernar con Cristo en el Reino de Dios por los siglos de los siglos. Para hacer eso debemos convertirnos en el tipo de personas que son capaces de cumplir ese papel. ¿Cómo convertirnos en ese tipo de personas? ¿Dios solo chasquea los dedos y nos convierte en eso cuando morimos? ¿Si fuera así, me pregunto por qué Dios no nos crearía en ese estado para comenzar? ¿Por qué nos puso a través de esta vida si podríamos haber sido glorificados inmediatamente y ser capaces de cumplir el rol que Dios no ha destinado?

Parece que es esta vida -con la gracia de Dios, la redención de Cristo y el poder del Espíritu Santo- la que puede prepararnos para nuestros roles en un vida eterna. Cada uno de nosotros ahora está desarrollando el carácter que llevaremos con nosotros a la eternidad. No quiero decir que seremos exactamente como somos ahora. El Apóstol Pablo dijo que todos seremos transformados en la resurrección (1 Corintios 15:51). Pero el también dijo que podemos seguir en entrenamiento estricto para obtener una corona que durará para siempre (1 Corintios 9:25). Cada uno de nosotros como individuos ha tenido un viaje espiritual, que para la mayoría de nosotros han incluido responder a la adversidad, la necesidad de depositar nuestra confianza en Dios repetidamente y aprender a amar a nuestros vecinos y a nuestros enemigos. Esto no es fácil. Santiago dice:

Hermanos míos, tener por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. (Santiago 1:2-4)

Los tiempos de adversidad pueden dirigirnos a ser maduros y completos. Y lo que es verdad para nosotros como individuos puede ser verdad para nosotros como especie -llámalo el viaje espiritual del Homo sapiens. Los terremotos, tornados y virus han permitido la vida como la conocemos florecer sobre este planeta. Pero (y muchas otras adversidades naturales) también nos han brindado oportunidades para desarrollar las capacidades físicas y cognitivas que necesitamos para ser las personas maduras y completas que Dios pretendía que fuéramos.

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Muy a menudo la historia de la evolución es contada como la historia de muerte y sufrimiento. Y ha habido mucho de eso, sin duda, pero eso no es la historia completa. La historia de nuestra especie es también una de cooperación. Desde una perspectiva puramente naturalista (que también no es la historia completa), nuestra especie han superado tremendas dificultades y enfrentado numerosos desafíos a lo largo del camino del desarrollo de las capacidades para cooperar y empatizar en un grado que no se ve remotamente en ninguna otra especie. No estoy afirmando que la moralidad es un fenómeno puramente natural como la digestión. Pero el desarrollo de personas moralmente maduras demanda la participación de esas personas para responder a la adversidad y elegir no ser egoístas.

¿Podemos responder a la adversidad del coronavirus hoy de maneras que nos empujen aun más a convertirnos en el tipo de personas que pueden reinar y gobernar con Cristo por la eternidad? ¿Usaremos esto como una oportunidad para practicar el amor a nuestros vecinos como a nosotros mismos? ¿Haremos lo mejor para preservar y proteger la vida -especialmente “de los más pequeños” que Jesús nos mandó a cuidar (Mateo 25:32-46)- mientras al mismo tiempo no tememos a la muerte, como si esta vida fuera todo lo que hay? Te dije que no había respuestas fáciles. Creo que esta respuesta es correcta, pero no es fácil. Es apropiado para nosotros pedirle a Dios que nos proteja del coronavirus. Y me inclino a pensar que es apropiado para Dios pedirnos que respondamos al coronavirus con los corazones y mentes que Él nos ha dado. Dios espera de nosotros que perseveremos en la adversidad con gozo (que no es lo mismo que diversión). Él diseño este mundo perfectamente -virus y todo- así que lleguemos a ser el tipo de personas maduras y completas que Dios esperaba que fuéramos desde el principio.

Sobre el autor

Jim Stump es el vicepresidente de BioLogos. Supervisa el equipo editorial, participa en planificación estratégica, y dirige el podcast “El Lenguaje de Dios”. Jim también escribe y habla en representación de BioLogos. Tiene un PhD en filosofía y fue anteriormente profesor y encargado académico. Sus libros incluyen, Four Views on Creation, Evolution, and Intelligent Design; Science and Christianity: An Introduction to the Issues; How I Changed My Mind about Evolution; and The Blackwell Companion to Science and Christianity.

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Artículo original: https://biologos.org/post/coronavirus-and-the-problem-of-evil

Traducción: Leonel Contreras

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